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La zona de confort, allí donde nada nuevo crece

Es muy probable que no te sea desconocida la expresión “ZONA DE CONFORT”, habiéndose apropiado de ella las corrientes más comerciales de auto-ayuda y crecimiento personal “expres”.

En términos generales este concepto se emplea para designar el estado mental atribuido a los lugares, hábitos y rutinas con las cuales nos sentimos cómodos, protegidos y seguros con la vida que llevamos.

La “zona de confort” puede ser positiva durante un tiempo, pero si nos acostumbramos a ella nos puede generar pereza y pasividad a la hora de actuar ante situaciones nuevas y esto frena nuestro desarrollo personal y a la larga nos puede generar frustración y vacío, ya que se trata de un espacio vital que no nos requiere un consumo de recursos personales extras (emocionales, cognitivos, comportamentales, espirituales, etc.).

Estaríamos por tanto refiriéndonos a habitar una vida que ya no nos demanda conciencia ni superación, pues nos permite transitar por ella con el piloto automático la mayor parte del tiempo, de ahí su “confortabilidad”, no exigiéndonos un ejercicio de superación y esfuerzo personal, propio de las vivencias novedosas y nada predecibles, pero que son las que realmente merecen la pena y nos llevan al crecimiento personal con su aprendizaje subsiguiente.

Esta tendencia tan humana de apegarnos a nuestra “zona de confort”, se produce porque nuestro cerebro, en concreto nuestra “Formación Reticular” (la zona que regula el sueño, dolor, movimientos, etc…) se acomoda. Nuestro cerebro es vago por naturaleza, por eso, cuando salimos de la rutina, se ve obligado a gastar más energía, ya que debe de estar alerta y procesar mayor cantidad de información que cuando la tarea es repetida y familiar.

Es importante aclarar que cada persona transita por una zona de confort que le es propia e intransferible, dependiendo de sus valores y aspiraciones. Para alguien puede ser el letargo y la procrastinación (retrasar el cumplimiento de nuestras obligaciones y responsabilidades), mientras que para otra puede tratarse por el contrario, de una tendencia a la hiperactividad y el hábito de no parar. ​

Estas personas de perfil “hiperactivo” nadan como pez en el agua en sus rutinas exigentes, pero se desconciertan y angustian cuando no siguen una programación estricta de sus agendas. Funcionan bien bajo presión.

Por tanto, saben cómo manejarse con sus obligaciones (son su “droga”), pero no tienen idea alguna de cómo hacer frente al disfrute y a la relajación de no hacer nada.

En este caso, salirse de la “zona de confort” no implicará proponerse más y mejores resultados, sino aprender a relajar su cuerpo y su mente, dejándose fluir con la incertidumbre que aporta una hoja de agenda en blanco. ¡Pueden entrar en pánico!

La imagen nos explica a la perfección las diferentes zonas en las que podemos ubicarnos, sus correspondientes demandas, sus ventajas y desventajas, etc.

Si has comenzado a pensar que puedes estar gravemente afectado por la “confortitis”, te sugerimos que sigas los siguientes pasos:

  1. Identifica bien cuál es tu zona de comodidad (el lugar donde más tiempo pasas y de la forma más improductiva)
  2. Ponle nombre, sí, has leído bien, párate un momento y decide que nombre la describe mejor, de tal forma que cuando te vuelva a engullir, seas más consciente de dónde estás. Piensa que tu “zona de confort” puede tratarse de una relación de pareja que ha dejado de sumarte, un trabajo al que le otorgas la categoría de “seguridad laboral/económica”, pero que te resta importantes dosis de salud mental. Igualmente puede tratarse de un grupo de amistades o de unas oposiciones infinitas que te están privado del regalo más bonito que tenemos, VIVIR y DISFRUTAR.
  1. Reflexiona hacia dónde te gustaría dirigirte, piensa qué es lo que más miedo te da, pues sin duda es eso lo que más necesitas incorporar a tu vida, aunque indudablemente sea también lo que menos te apetezca.

Al otro lado de esa comodidad lineal e insípida, te está esperando la evolución personal, la trascendencia hacia lo relevante, el valor y la fortaleza interna, la seguridad personal, no la circunstancial (lo siento, esta no existe).

Lucha por tus sueños, cree en ti cada día un poco más, ya que no puedes perder de vista que quién permanece en su comodidad y en el “calorcito” de lo conocido, se ha dejado impregnar por una falta de ilusión y confianza respecto al futuro, pero sobre todo, respecto de sí mismo.

Y es que…..

“Quién bien se quiere, bien se siente asumiendo riesgos porque en definitiva cree en sí mismo y en su infinito potencial”.

Y esto también es autoestima!

 

MARIAJESUSGONZALEZ.COM

 

 

 

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