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La enfermedad psicosomática: cuando el cuerpo habla

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En la medicina tradicional, nunca se tomó muy en consideración los factores psicológicos como parte explicativa del origen de la enfermedad, atribuyéndola únicamente a anomalías de origen orgánico (físico).

Sin embargo, dado que los seres humanos somos seres biológicos, psicológicos y sociales, en toda enfermedad coexisten fenómenos de tipo BIOPSICOSOCIAL.

La enfermedad psicosomática, explicaría un tipo de patología orgánica cuyas causas se encuentran en ciertas características de personalidad, conflictos interpersonales y la forma en cómo se responde a dichos conflictos. Si a esto, le sumamos una cierta vulnerabilidad orgánica (congénita o adquirida), tendríamos como resultado la enfermedad de origen psicógeno (psicológico).

Según Franz Alexander (fue uno de los representantes más notables del psicoanálisis durante el siglo XX y ayudó a sentar las bases de la medicina psicosomática actual), las alteraciones de salud más importantes que podrían considerarse de naturaleza psicosomática serían el asma, la neurodermatitis, la úlcera de duodeno, la colitis ulcerosa, la artritis reumatoide, la hipertensión arterial, la diabetes…, aunque hoy en día este marco se extiende a otras enfermedades como las autoinmunes o la tan conocida y “padecida” fibromialgia.

Para profundizar en la comprensión de la enfermedad psicosomática, a continuación, vamos a exponer dos criterios que atañen tanto al origen como al curso de dicha enfermedad:

  • Emoción como factor desencadenante

La emoción es considerada, de entre el conjunto de procesos psicológicos, como un factor etiológico potencial o causal de las enfermedades psicosomáticas.

La enfermedad física surgiría o reaparecería al enfrentarse el paciente con una situación que superaría sus recursos de afrontamiento y manejo emocional.

Y es que está demostrado científicamente que la expresión y/o la represión de las emociones, podría predecir la gravedad de este tipo de enfermedades.

Por ejemplo, podemos hablar de la estrategia defensiva que supone la supresión de la ira, o un estilo de afrontamiento de los problemas de carácter represivo (negándolos o dándoles significados erróneos), o el fenómeno de la alexitimia, que se refiere a un trastorno emocional caracterizado por dificultades en la identificación y expresión de las emociones.

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Esto nos aportaría luz sobre por qué en situaciones de estrés, la persona emplearía de forma inconsciente o involuntaria el cauce expresivo de la somatización, siendo la enfermedad el instrumento que el paciente utiliza para comunicarse con el exterior.

  • Tipo de personalidad

La personalidad con orientación neurótica existe en todos los pacientes con enfermedades físicas de origen psicológico, y supone la contrapartida y el origen real de la enfermedad.

Por neurosis entendemos un rasgo de personalidad caracterizado por tendencia a la inestabilidad emocional, aprensividad, ansiedad, baja tolerancia a la frustración e irritabilidad. Siendo, los conflictos de origen psicológico el abono necesario para que dicha neurosis se agudice, puesto que “el conflicto es para la neurosis como la médula al hueso”.

Es fundamental en la medicina psicosomática tener en cuenta este factor, ya que es a través de su neurosis, como el paciente consigue la capacidad para crear molestias corporales, por lo que lo deseable sería conectar con la dirección opuesta, como la reducción de su neurosis para así reducir los síntomas.

Friedman y Rosenman, fueron dos cardiólogos que en los años 50 propusieron una clasificación de 4 “tipos” de personalidad (A, B, C y D). Todas ellas se relacionarían con una mayor probabilidad de padecer determinadas enfermedades.

Como ejemplos para favorecer la asimilación del lector, hablaremos de las dos estructuras de personalidad más estudiadas:

-Personalidad Tipo A: se caracterizaría por un conjunto de respuestas al estrés muy definidas, como la competitividad, la sensación de urgencia constante y la hostilidad, estando relacionada con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades coronarias y una presión arterial alta.

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-Personalidad Tipo C: caracterizada por la inhibición de emociones negativas, suelen tener dificultades para afrontar las situaciones de estrés, sobre todo de una manera directa y activa.

Este rasgo provoca reacciones psicológicas de tipo depresivo, como las expectativas de indefensión o la desesperanza con respecto al futuro, habiendo sido asociada con una mayor predisposición a enfermar por cáncer.

Una realidad asociada a estos pacientes es su desconcierto ante el diagnóstico y posterior tratamiento:

“¿Por qué el médico me dice que debo acudir al psicólogo, si mi problema es físico?”

A menudo las personas que padecen problemas psicosomáticos no han logrado encontrar una causa orgánica a sus síntomas o tras realizar distintos tratamientos médicos éstos no mejoran. Incluso, hay ocasiones en que los fármacos les ayudan durante una temporada, pero entonces aparece “causalmente” un nuevo síntoma.

La neuróloga y experta en enfermedades psicosomáticas Suzanne O’Sullivan (Royal London Hospital), autora del libro “Todo está en tu cabeza”, afirma que en el momento del diagnóstico, decir que el origen de la enfermedad es mental y no físico, suele ser “devastador” para el paciente, porque deben pasar de la atención del neurólogo, que ha descartado causas neurocerebrales, a la atención de los profesionales de salud mental (psiquiatra y psicólogo).

Como era de esperar, el tratamiento de estas patologías psicosomáticas tiene como eje el abordaje multidisciplinar contemplando los elementos “orgánicos” por facultativos especialistas (los médicos internistas suelen asumir estas problemáticas), y los factores psicosociales por psicólogos expertos en salud mental y/o psiquiatras, según corresponda.

Es una realidad científicamente demostrada que el conflicto emocional provoca enfermedad, que nuestras emociones influyen en nuestro cuerpo, al igual que éste influye en nuestras emociones.

Por ello es fundamental educarnos en inteligencia emocional, de tal forma que seamos capaces de manejar nuestro universo afectivo sin tener que darle a nuestro cuerpo la responsabilidad de que exprese a través de la enfermedad lo que nosotros no hemos sido capaces de comprender y expresar adecuadamente.

MARIAJESUSGONZALEZ.COM

 

 

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