HIPNOSIS: Conversaciones con el subconsciente

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La Hipnosis Clínica, practicada por médicos y psicólogos, tiene una elevada eficacia en tratamientos de adicciones, ansiedad, fobias, sobrepeso, gestión del estrés, problemas de autoestima… y acelera de forma importante el tiempo y la duración del tratamiento psicológico.

Aquí os dejamos la entrevista que me realizaron en el “Día de Salamanca”. Podéis descargaros el pdf del artículo:

11 Diciembre 2015: Jornada Asociación Española de Hipnosis

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Os quiero comunicar la gran oportunidad de asistir a la segunda jornada de la Asociación Española de Hipnosis (AEH), sobre Hipnosis y Dolor.

Impartida por un excelente profesional y compañero de la Medicina, especialista en dolor e hipnólogo de reconocido prestigio.

Es una gran satisfacción para mí poder compàrtirlo para que todo el que guste pueda asistir y aprovecharlo.

Aquí os dejo el cartel de presentación de la jornada y el programa de la misma.

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Corazón de Terciopelo

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Aquella chica de profundos ojos verdes no sabía lo que era el rencor y la rabia. Su espaciado corazón sólo lo ocupaban unas anticuadas cajoneras donde acumulaba los archivos mohosos con los nombres de gentes a las que amó, pues se rumoreaba que tenía el don de entregarse sin condiciones, amar a cualquier precio, amar por encima de todo y de todos.

Así fueron pasando todo tipo de almas por su vida, almas buenas, almas heridas, errantes, almas escurridizas, almas miedosas, cualquier alma le servía siempre y cuando ella sintiera que le acariciaban el terciopelo que cubría su corazón.

Fue años atrás, cuando siendo niña entendió que si forraba su corazón con este tejido suave y mimoso conseguiría que se acercaran a ella aunque solo fuera para resguardarse en su roce dulce y aterciopelado.

Los años fueron pasando y el trajín de inquilinos no paraba en este tapizado corazón, que por la demasía de cuerpos que habían transitado por él, ya no lucía vistoso como antes. El terciopelo se había oscurecido y la suavidad de su tacto se había tornado áspera.

Un día, un nuevo visitante llego a este corazón, ahora con apariencia andrajosa. Ella, la chica de los profundos ojos verdes, avergonzada por la apariencia de su alma, se negó por primera vez a que transitaran por él sin condiciones, ya no podía entregarse sin mesura, ya no se sentía protegida por su tapiz. Su sorpresa fue cuando aquel nuevo visitante le aclaró que no venía a ella para dejarse rozar por su famoso corazón aterciopelado, lo que quería de ella era simplemente  apreciar la luz que desprendían sus hermosos ojos, una luz genuina que jamás desprendió aquel retal de terciopelo que cubrió su alma durante tantos años de trasiego y cambio.

Ella, sorprendida, miró fijamente a los ojos que le hablaban y pudo ver en ellos algo que jamás había visto en los demás visitantes de su corazón, una mirada honesta que no buscaba cobijo temporal, una mirada sin condiciones, una dispuesta a dar en lugar de recibir, una mirada con alma, un alma cálida y espaciosa a juego con la suya. Fue en ese momento cuando el terciopelo que recubría el corazón desgastado de la muchacha de ojos verdes se deslizó hasta el suelo, dejando entrever un alma brillante y generosa que no requería de tela alguna para ocultar su verdad, auténtica y radiante.

-Virginia Parrado Chocano, psicóloga y paciente de María Jesús González-

Espíritu navideño: ¿qué tiene para ansiarlo tanto?

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Primera Guerra Mundial. En el frente, de un lado los soldados alemanes y, de otro, los británicos. Víspera de Navidad, noche de Nochebuena.

Los alemanes comienzan a colocar los pocos adornos navideños de los que disponen y, de pronto, comienzan a escuchar en las filas británicas las notas de una canción conocida. Es ‘Noche de Paz’. En ese instante, algo pasa. Espontáneamente, sin orden previa, sin palabras, unos y otros olvidan la guerra y empiezan a vivir unas horas únicas que hoy, 100 años exactos después, siguen recordándose como la ‘Tregua de Navidad’.

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Alemanes y británicos comen y beben juntos, recuerdan a sus familias, lloran y entierran a los caídos en la batalla, ríen abrazados, disfrutan unidos… Se convierten en hombres sin etiquetas, en seres exactamente iguales. Se convierten en lo que son (hermanos) y olvidan y trascienden el papel que interpretaban en ese momento: soldados armados enfrentados en una guerra. Fue un tiempo más allá del tiempo. Existió una posibilidad de haber podido frenar una masacre… pero todo siguió igual horas después. Volvía a correr la sangre. Destrucción y muerte. El mayor enfrentamiento hasta la fecha en la historia reciente de la humanidad.

Es éste tal vez el mejor ejemplo de lo que todos reconocemos como el ‘espíritu navideño’: una forma de entender las relaciones y la vida que es capaz de obrar milagros de esas características. ¿Y qué mayor milagro que renunciar a cualquier guerra e inclinarse por la paz? La ‘Tregua de Navidad’ se desarrolló en un conflicto bélico, pero las guerras cotidianas las encabezamos cada uno de nosotros y son sanguinarias y cruentas. ¿Quién puede asegurar que no ha conocido, vivido, alentado, participado en una feroz ‘contienda’ navideña’?

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El ‘espíritu navideño’, eso que nos gustaría extender a lo largo de todo el año, eso que nos brinda felicidad, se contrapone a la Navidad que parecemos elegir siempre y que, en el fondo, detestamos. Lo real, lo verdadero, la auténtica hermandad, frente al otro ‘espíritu navideño’ en el que vivimos acomodado. Dolorosamente, en muchos casos.

 

¿QUÉ BUSCAMOS?

El anhelo de paz, el afán de ayudar a quien tenemos al lado sin pedir nada a cambio tiene la capacidad de desatarse por unas horas en este tiempo socialmente establecido. Es tan simple como hablar de AMOR, del real, no del egoico. Es eso que sienta mejor que cualquier medicina… Quien lo ha comprobado, aunque haya sido por unos instantes ‘mágicos’, conoce de su poder y de su inmenso potencial. Eso es lo que cabalga suave y poderosamente por debajo de las otras navidades, las fabricadas, las que se desatan y desatamos.

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El consumismo que envuelve en lazos de colores una felicidad artificial; las lentejuelas que disfrazan a personas airadas y entristecidas; el alcohol que dispara tras la euforia inicial toda la pena, el vacío, la frustración (hasta la orfandad)… una sensación de soledad infinita que no parece apagarse nunca. Y todo eso, estallando en forma de discusiones, traiciones, engaños… estallando como confetti, pero un confetti que duele como las balas que mataron a británicos y alemanes en una guerra infernal que el mundo sigue reproduciendo, aunque lo haga a pequeña escala.

Y mientras, la navidad real sigue discurriendo por debajo como un río. Siempre. A la espera de que decidamos realizar la correspondiente prospección dentro de nosotros mismos, permitiendo que sea ese caudal y no otro el que definitivamente nos inunde y nos empape.

Elegir no por unas horas, no en virtud de una fecha en el calendario, sino siempre y definitivamente el nacimiento de esa otra feliz y auténtica, verdadera y plena, eterna, constante, irrenunciable NAVIDAD.

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El regalo: eso que nos define

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¿Qué regalamos y para qué? El regalo dice bastante más de cómo somos y de cómo son quienes nos rodean de lo que inicialmente pensaríamos (o nos gustaría). El regalo tiene tras sí (o consigo) todo un lenguaje inconsciente que se desata al cien por cien durante estas fechas navideñas.

En el artículo ‘La Psicología Social del regalo’, Barry Schwartz escribe que “Los regalos son una de las formas de transmisión de la imagen que los otros tienen de nosotros”. Los obsequios que recibimos se ajustan a la idea que nuestros familiares, parejas, colegas o amigos tienen de quienes somos (de nuestra personalidad, esa sucesión de ‘caretas’ o ‘disfraces’ con los que avanzamos por el mundo); cuando se produce una ‘disonancia’ y nos hacemos esta pregunta (interna, porque verbalizarla en público nos haría ‘quedar mal’): “Pero, ¿cómo es posible que me hayan comprado esto?”, tenemos ante nosotros una interesante lección posible (si decidimos adentrarnos en ella y aprenderla):

  • El regalo actúa como ‘reflejo’: ¿Qué me está mostrando de mí mismo que no quiero ver, que he decidido ocultarme?
  • El regalo actúa como ‘verdad del otro’: ¿Estoy percibiendo a esa persona como realmente es o como yo quiero que sea?

 

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De igual modo funciona cuando regalamos nosotros: ¿Nos ponemos en el lugar del otro al comprar un obsequio o utilizamos el regalo de forma egoica, a modo de demostración de poder y autoridad? ¿Hacemos del regalo ese intercambio externo para obtener la adoración que queremos que nos profesen? ¿Regalamos… o nos estamos regalando nosotros (regalándonos una conversación interna de este tipo: “todo lo haces bien, incluido regalar”).

 

DIME CÓMO REGALAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Ahora, querido lector de este blog, tienes ante ti una guía de ‘regaladores’ donde tal vez puedas encontrarte y encontrar a quienes te rodean, ya sea tu pareja, un familiar, un amigo o un colega de trabajo. Esto empieza así:

  • – EL AUTÉNTICO. Aquella persona que, al regalar, piensa exactamente en aquel a quien va dirigido el obsequio. Su objetivo: compartir felicidad. Lo logra.
  • – EL COMPETIDOR. Aquella persona que se regala a él y a su ego. El regalo se convierte en un espectáculo de sí mismo, de su dinero, de su poder, de su valía. El destinatario del obsequio nunca ha estado presente en todo el proceso. Su objetivo: autocomplacerse, adorarse (y ser adorado).
  • – EL LOBO CON PIEL DE OVEJA. Aparentemente detallista, magnánimo, amoroso… el fondo es el de un competidor nato. Tras la pantalla, se esconde un ego que reclama su tributo. Por cierto: todo ‘lobo’ desea regalos acordes a sí mismo: a todo un ‘dios’ (o ‘diosa’); eso sí, si se oculta tras una piel de oveja nunca lo manifestará claramente.

 

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  • – EL MANIPULADOR. Utiliza el regalo para conseguir sus objetivos, que pueden ser de lo más variado: ganarse la confianza de alguien en función de un ‘plan’ de actuación (siempre interesado), hacer sufrir (elegirá regalos que duelan), ‘enamorar’ (nuevamente, de forma interesada…), lograr un crecimiento laboral… El otro, aquel a quien va dirigido el objeto, nunca es el fin sino otro medio para llegar a la ‘meta’.
  • – EL QUE SE QUEJA. De todo en general y, especialmente, de la Navidad en particular y cualquier cosa aparejada a lo que podría ser una celebración. Se les llama ‘aguafiestas’ en lenguaje popular; realmente, esconden tras este comportamiento un deseo de llamar la atención y una sensación profunda de no sentirse queridos. Ante el regalo, como ante todo, van predispuestos para el dolor, para que les duela.

 

La Navidad puede ser un excelente momento para conocernos, reconocernos, conocer y reconocer. Tras el ‘papel de celofán’ hay todo un mundo por desenvolver.

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¿Para qué bebes?

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Fin de semana. Sales. Una cena. Sales. Quedas con un chico o una chica. Sales. Cumpleaños de un amigo o un compañero o compañera. Sales. Reunión de trabajo. Sales.

La mayor parte de las veces y la mayor parte de las personas relacionan estas actividades de ocio con el consumo de alcohol. Vino, cerveza, copas. Es algo socialmente admitido; es más, está ‘bien visto’. Es normal, casi ‘lógico’; desde luego, una auténtica costumbre, una forma de relacionarse con los demás en determinados momentos y situaciones. A veces, casi el único modo de hacerlo.

No existe problema ni físico ni psicológico si se bebe sin dependencia. Si se bebe sin esconder una necesidad de paliar la soledad, la pena, la frustración, la rabia que no se confiesan ni se reconocen. No existe problema si se bebe con normalidad, fuera del exceso, sin ansia, sin hacer del alcohol un ‘aliado’ para desinhibir todo lo reprimido que, en numerosas ocasiones, suele estar relacionado con lo sexual. No existe problema si se bebe con moderación y sin culpabilidad. No aparece la disfunción si se bebe sin este principio: “sin una copa, unas cervezas o unos vinos no me divierto”.

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El alcohol (cuyo grado varía entre el 3% en vino o cerveza hasta el 75% en licores fuertes) tiene, inicialmente, un efecto excitante, desinhibidor, afrodisiaco. Quien bebe, en un primer momento, se siente ‘feliz’, ‘optimista’, más poderoso, chispeante, inclinado al sexo y al ‘ligoteo’, a dejarse llevar por el deseo; así, a través de esta euforia, se produce el ‘enganche’. En muchos casos, la persona ingiere alcohol porque tiene la creencia de que sólo puede excitarse, expandirse, ofrecer una imagen determinada acorde con un ambiente determinado si bebe (existen estudios al respecto que demuestran que puede llegar a ser más potente la creencia que el efecto del alcohol en sí). El alcohol es, efectivamente, una droga; socialmente ‘admitida’, pero droga al fin y al cabo.

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Ahora bien, en un segundo momento, no demasiado lejano, aparece la cara real de las copas: el alcohol es, realmente, un potente depresor. Llega la sensación de derrota, la culpabilidad, el mundo se vuelve negro, oscuro. Aquellas penas, frustraciones, ansias… que se creyeron diluidas aparecen multiplicadas (sin olvidar el malestar físico de la resaca). El lado B, de recorrido tan habitual, puede volverse francamente peligroso.

 

LOS GRAVES PELIGROS DE LA COSTUMBRE

¿Qué sucede cuando se comienza a ingerir alcohol de forma habitual? Unas cervezas diarias, unos vinos, la copa al salir de trabajar… Una especie de ‘lluvia fina’ que va calando lenta y consistentemente. El organismo se habitúa al alcohol, desarrolla tolerancia y empieza a necesitarlo (hay que beber un poco más cada vez para ‘sentirse bien’)… de este modo, sus efectos eufóricos se logran antes. Sí: ya no serán necesarias varias ‘rondas’; con una es más que suficiente. El ‘alegre’ alcohol es dinamita… en todos los sentidos.

¿Cómo superar la jornada un día más, cómo llegar a la noche sin los pensamientos de soledad que ahogan y atenazan, cómo combatir la frustración que invade cuando se entra en casa a última hora? Si la solución es beber y esto se disfraza de “quedar con los amigos o colegas”, el problema está a la vuelta de la esquina… o directamente está ya. Y el beber no conoce de condición social ni de edad: es la droga más generalizada y la más dañina por lo camuflada que vive en sociedad.

 

beber alcohol 5¿Qué personalidades son más propensas a caer en la trampa del alcohol? o, mejor dicho, ¿qué rasgos presentan las que tienen muchas papeletas para entrar en ‘modo problema’?

Estos son:

  • Ansiedad y culpabilidad
  • Inseguridad, desgana y despreocupación
  • Falta de sinceridad
  • Pena interna y desajustes emocionales
  • Cambios bruscos de carácter
  • Tendencia a la depresión y a la desesperanza
  • Frecuente irritabilidad, malhumor, ira
  • Soledad y sensación de vacío interior
  • Inmadurez emocional
  • Egocentrismo e hipersensibilidad
  • Escasa tolerancia a la frustración
  • Idealismo excesivo en los planteamientos vitales (muy alejados de la realidad)
  • Miedo al fracaso
  • Sentimientos de inferioridad y timidez
  • Cefalopatías tras estados de ánimo alterados

 

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Como en todo problema, la solución empieza por el primer paso: la toma de conciencia de que el problema existe. Lo segundo es un ejercicio firme de voluntad: el deseo de solucionarlo; y aquí puede llegar el momento de pedir ayuda… y pedirla a un profesional de la Psicología Clínica.

12 Diciembre: Jornada Asociación Española de Hipnosis

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La AEH (Asociación Española de Hipnosis) ofrece una jornada donde se hablará sobre las aplicaciones de la hipnosis en la clínica y también en el desarrollo personal.

Será el día 12 de diciembre en el el Salón de Actos del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid en la 5ª planta. Dirección: Cuesta de San Vicente nº 4, Madrid.

Contaremos con diferentes ponentes de reconocido prestigio que trataran temas como: Dolor y fibromialgia, la hipnosis en trastornos psicóticos, el enfoque ericksoniano o la visualización para el desarrollo personal.

 

 

PROGRAMA:

  •  RECEPCIÓN Y REGISTRO a partir de las 9:30 horas.
  • 10:00 PRESENTACIÓN. Dr Jośe Luis Sanchez Izquierdo. Presidente de la AEH.
  • 10:30 VISUALIZACIÓN E HIPNOSIS. Dr Alberto Sanchez-Bayo. Coach y creador de “Arqueología del Talento”.
  • 11:15 LA HIPNOSIS POR MILTON ERICKSON. Dr David Antón del Instituto Erickson de Madrid.
  • 12:00 PAUSA PARA CAFÉ
  • 12:30 LA HIPNOSIS EN EL TRATAMIENTO DE LA PSICOSIS. Dr Adolfo García de Sola Márquez. Psicólogo del Servicio Andaluz de Salud.
  • 13:15 FIBROMIALGIA, DOLOR E HIPNOSIS. Dr. José Sala Payá. Hospital Universitario de Tarragona.
  • 14:00 COLOQUIO Y CIERRE.

Más información en info@aehipnosis.com o llamando al tl:  629523866

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¿Por qué optar por un PSICÓLOGO CLÍNICO?

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En primer lugar, porque es el único título reconocido por Ministerio de Sanidad para trabajar en la mejora de la salud mental y las patologías de los pacientes en los centros públicos de salud y hospitales. Un psicólogo se licencia en la carrera y, posteriormente, realiza su especialidad a través del PIR; especialidad “Clínica” que le posibilita para estar al frente de su consulta y trabajar como ESPECIALISTA que, en esta labor, es la palabra clave.

Desde la Asociación Española de Especialistas en Psicología Clínica (AEDEPC) se promueve que el paciente “exija siempre como aval” este título y esta especialidad para garantizar que se le va a aportar excelencia en la consulta. La excelencia que busca.

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La rigurosidad de la psicología científica puede ir perfectamente de la mano con una terapia muy cercana, “muy cómplice, muy al lado del paciente”. Rigor y proximidad: una perfecta combinación que, desde este lugar en la red, se acerca y promueve.

El psicólogo clínico, finalmente, es un profesional en constante reciclaje tanto a nivel laboral como personal. Ha pasado por sus procesos terapéuticos, conoce (por tanto) lo que es estar al otro lado de la mesa o de la silla (ocupando el espacio del paciente, algo que siempre aportará empatía en la consulta) y, al mismo tiempo, se mantiene al tanto de las últimas novedades, avances, posibilidades y cambios de su profesión.

Un certificado de especialista en Psicología Clínica garantiza, por tanto, que la terapia será rigurosa, de calidad, excelente.

 

 **María Jesús González es vicepresidenta de la Asociación Española de Especialistas en Psicología Clínica (AEDEPC)

Hipnosis Clínica: la técnica terapéutica de los resultados eficaces

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“¿Cuándo me someto a una sesión de Hipnosis Clínica me hipnotizan como en la tele?” Ésta podría ser la pregunta; y ésta es la respuesta: NO. Una cosas es un hipnotizador y otra muy distinta un HIPNÓLOGO. España es uno de los pocos países en los que se permite la llamada ‘hipnosis de espectáculo’, en contra de la cual están los profesionales de la Asociación Española de Hipnosis (www.aehipnosis.com) porque crea “una confusión importante” en el paciente.

Una persona en terapia puede creer, en función de este conocimiento popular del hipnotizador, que una sesión de Hipnosis Clínica le hará perder del control y que el terapeuta podrá ‘adueñarse’ de su voluntad. Nuevamente, la respuesta es NO. Esto no existe en esta herramienta técnica al servicio de una mayor efectividad en las sesiones, herramienta con la que se consiguen, además, resultados rápidos, firmes y excelentes.

Vamos a conocerla de cerca.

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¿QUÉ ES LA HIPNOSIS CLÍNICA?

Es un estado de relajación muy profunda, tanto física como mental. En este estado, el psicólogo clínico puede llegar al inconsciente dejando a un lado el consciente que, literalmente, se aparta. El consciente es donde están las críticas, los juicios, los ‘a priori’, las creencias, los miedos… todo lo que ‘cortocircuita’ y frena esa conexión con la parte más profunda del ser humano donde se encuentran ancladas las respuestas.

Sería como un iceberg: lo que vemos es el consciente; lo que no se ve, muchísimo más voluminoso y ‘sostenedor’ de todo lo demás, es el subconsciente de la persona.

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El profesional de la Psicología Clínica al frente de esta terapia introduce al paciente en este estado de relajación al que éste llega si así él lo quiere. La mente más profunda del paciente es la que realiza toda la labor; el psicólogo sólo guía ese paso y, después, recoje el material valiosísimo derivado de la sesión para trabajar con él. Por lo tanto, el terapeuta, el especialista, sólo es el trampolín, la lanzadera, que ayuda a entrar en ese proceso de ‘trance’ donde el inconsciente (la parte baja y profunda del iceberg personal) aflora.

Las sesiones de Hipnosis Clínica multiplican la eficacia de la terapia y la rapidez de la solución (por ejemplo, en casos de fobias o fumadores que quieren dejar de serlo); eso sí: no siempre puede realizarse una hipnosis. Es necesaria una valoración previa que analice la viabilidad de aplicar la técnica en función de la historia clínica del paciente, valoración que efectuará siempre el psicólogo.

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¿ES COMÚN LA HIPNOSIS?

Mucho más de lo que creemos; de hecho, el cerebro la hace cada cierto tiempo de forma automática para ‘resetearse’. Son esos instantes en los que decimos “ha pasado un ángel”, “estoy en babia”, “iba conduciendo y llegué sin darme cuenta”, “parece que no ha pasado el tiempo”. La Hipnosis Clínica lo único que hace es reproducir a voluntad y con una finalidad terapéutica estados  naturales del cerebro. Y lo hace con una única finalidad: la mayor eficacia, profundidad y rapidez del proceso terapéutico.

La confianza del paciente en el psicólogo clínico es fundamental. Y la formación de éste, esencial para trabajar con el material resultante de una sesión de hipnosis y acoger a la persona en terapia, acompañarla en todo momento y facilitarle la solución del problema.

 

**María Jesús González es vocal de la Asociación Española de Hipnosis (www.aehipnosis.com)

No te sientas culpable: siéntete responsable

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La culpa. Eso que nos invade y nos trastorna. Nos hace sentir mal. Nos descoloca. Mina nuestra seguridad y autoestima. Hicimos algo mal, algo que entendemos indebido, algo que hizo sufrir al otro… y entramos en la barrena de la culpa. Nos devaluamos.

¿Qué tal olvidar la culpa y sustituirla por la responsabilidad? La responsabilidad implica madurez; la culpabilidad es emocionalmente infantil. Ante un error, un comportamiento responsable impulsa el crecimiento de la persona; ante un error, la culpa invita a la ira, al miedo, al rencor y a una autosuficiencia engolada, artificial y, a la postre, muy dañina, generadora de más y más dosis de culpa en próximas actuaciones. De chantaje y manipulación. De vivir constantemente en el pasado.

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¿CÓMO TRASCENDER LA CULPA?

1.- En primer lugar, reconociendo que el error se ha cometido. Es un primer paso donde muchas pesonas se estancan porque se ven incapaces de decirse a sí mismas que se equivocaron. Niegan toda responsabilidad en el hecho y eluden la mirada hacia sí mismos; culpabilizan al otro sin saber que se están doblemente culpabilizando a ellos. Huir de la culpa sólo la multiplica. Reconocer es el primer gran paso para anularla.

2.- Perdonarse a uno mismo. Es un paso que se da a la par que el paso anterior. Perdonarse para perdonar y para eliminar de ese problema todo rastro de rencor, restarle peso, considerarlo humano, un aprendizaje. Limpiar el bache y seguir caminando en una actitud de aceptación y asimilación.

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3.- Disculparte. De una u otra forma. Asumir la equivocación con honestidad y madurez. Y hacer todo lo posible para enmendar cualquier daño. Ponerte al servicio de la solución, no de la culpa ni del rencor. No se trata de echar palas y palas de olvido sobre un tema sino de mirarlo con limpieza y coherencia… y actuar desde ahí. El otro es tu maestro y este paso, un gran aprendizaje para los dos.

4.- Aprender la lección. Analizarla desde el corazón y el amor… y continar camino sin ninguna mochila a la espalda que te pese y enturbie la vida.

Algo importante: todo esto lo haces por ti y desde ti. No consiste en obrar para conseguir que el otro nos perdone, no. Entregas esta actitud sin esperar nada a cambio desde tu más absoluta honestidad personal. Respetar la libertad de la otra persona forma parte de este proceso que, inevitablemente, te traslada a mayores niveles de autoestima, crecimiento y seguridad personal, además del conocimiento de la compasión a través de la responsabilidad en la aceptación del error.

Esta aparente “humillación” es, como ves, una apuesta para ganar. Para ganarte y quererte como eres. Exactamente así.

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