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La “Víctima”

Ilustración: Estelí Meza

Para concluir la trilogía de artículos que han girado en torno a la Teoría del Triángulo Dramático de Karpman, hoy nos vamos a detener en el rol de “VÍCTIMA”.

El papel de víctima representa uno de los roles más antiguos socialmente hablando, habiendo sido transmitido a través de nuestra cultura judeo-cristiana, la cual considera que el sufrimiento debe ser premiado y aplaudido.

Esta realidad ha desembocado en un perfil de personalidad característico de personas que se presentan ante el resto, parapetados tras sus problemas de tinte emocional, físico, psíquico, etc. en busca de ayuda y compasión.

Tras este rol se esconden elevados niveles de susceptibilidad y aprensión, lo que deriva en una actitud infantil y quejumbrosa.

Las “víctimas” son personas que mantienen altos niveles de dependencia emocional hacia los sujetos que tienen alrededor, siendo frecuente que establezcan relaciones de codependencia, en virtud de las cuales reciben cuidados y protección a raudales (financiera, anímica, física, etc.), siempre a través del chantaje emocional de la lástima, la indefensión y la culpa.

La queja: su estrategia psicológica para “salirse con la suya”

Inicialmente la queja puede ser una vía para expresar nuestro malestar, ofreciéndonos un desahogo emocional que de forma temporal nos puede reportar cierto alivio, pero pasado ese efecto momentáneo, la queja ayuda a enquistar y amplificar los problemas, aflorando con ello emociones negativas y además creará el rechazo social que el “victimista” necesita para recrearse en su lamentable existencia.

El bucle en el que se sumerge la persona que actúa bajo este rol implica a una o varias personas (familia, pareja o amigo) con el que funciona este juego psicológico, creando en ellos un potente sentimiento de culpa, así la víctima termina consiguiendo lo que se proponía en un principio: atención y apoyo incondicional.

“La queja no busca solucionar un problema, sino exaltarlo”. Anónimo

Desde nuestra Consulta de Psicología Clínica afirmamos que además de exaltarlo lo enquista permanentemente.

Los rasgos que caracterizan este proceso psicológico son:

  • Muestran una gran dependencia hacia aquellos que están a su alrededor.
  • Se consideran incapaces de cuidar de sí mism@s.
  • Se ven como resultado de las contingencias externas, por lo que creen no poder ejercer ningún tipo de control sobre lo que les sucede.
  • Se sienten incapaces de tomar decisiones.
  • Muestran muy baja tolerancia a la frustración.
  • Se presentan ante el mundo como seres débiles, frágiles, indefensos.
  • Esperan que el destino, la suerte o una fuerza superior, les cambie su vida, mientras ell@s no hacen nada individualmente.

Recupera el poder sobre tu vida

La persona que desempeña este rol en sus relaciones interpersonales, suele sentirse inclinada a entregar su poder a la persona de confianza que tiene cerca, viéndolos como una “figura paternal”.

A las personas que transitan por la vida bajo este personaje lastimoso, les sería de gran ayuda responder a las siguientes preguntas, extraídas del libro “El triángulo dramático de Karpman”, G. Edwards:

  • ¿Cuál es la historia que tú mismo te cuentas para mantenerte indefenso y desprovisto de poder?
  • ¿De qué forma has contribuido a que los otros te traten como lo hacen?
  • ¿Cuáles son las fuerzas y las aptitudes que estás adquiriendo de tus experiencias?

Una vez hayas contestado a estas preguntas, pon mucha atención, porque estos son los ingredientes que necesitas para hacer que las cosas cambien y que tu poder personal regrese a ti:

  • Responsabilízate de tu vida.
  • Aprende a cuidar de ti mism@.
  • Confía en tus propias decisiones.
  • Asume tus propios fallos sin culpabilizar a nadie.
  • Pon en valor tus potencialidades, compararte con los demás no ayuda, más bien todo lo contrario, porque estas personas se caracterizan por tener una baja autoestima.

 

Para finalizar esta triple entrega, vemos conveniente dejar al lector un breve resumen de las características que mejor describen a los tres roles que se suelen representar dentro de relaciones interpersonales disfuncionales, causantes de mucho dolor y angustia.

Rol “SALVADOR”:

Ofrecen ayuda para crear una relación de dependencia con la otra persona (se quieren hacer imprescindibles).

Fortalecen el papel de las víctimas para seguir ayudándolas.

Necesitan que las necesiten, menospreciando las habilidades de sus “salvados”.

Encuentran en la ayuda su forma de hacerse valer.

Pincha en el siguiente enlace para profundizar en este rol:

https://www.mariajesusgonzalez.com/los-tres-roles-que-intoxican-las-relaciones-interpersonales/

Rol “PERSEGUIDOR”

Menosprecian el valor de los otros.

Establecen relaciones de competencia, en las que su autoridad sea evidente.

La violencia es común en sus relaciones.

Persiguen y acosan para manifestar su poder.

Pincha en el siguiente enlace para profundizar en este rol:

https://www.mariajesusgonzalez.com/el-perseguidor/

Rol “VÍCTIMA”

Se quejan, se excusan y muestran su indefensión/incapacidad ante los demás.

Necesitan a los otros para tomar sus decisiones.

Manipulan a sus seres más cercanos a través de la culpa.

Evitan las responsabilidades propias para desvalorizarse.

 

Cuando se crean relaciones en las que la persona se siente insegur@, amenazad@ y/o falta de cariño, se utilizan de forma involuntaria este tipo de estrategias psíquicas para evitar el peligro, sentirse segur@, útil o con capacidad de control sobre el entorno.

Sin duda, este territorio da como resultado dolor, angustia, estrés, culpa y toda la gama de emociones adversas que nos podamos imaginar.

Al tratarse de patrones relacionales profundamente enraizados en la personalidad, será imprescindible que te acompañe un profesional de la Psicología Clínica, para poder desprogramarlos correctamente, siendo este el punto de partida para que tus relaciones se vuelvan más sanas, afectuosas y seguras.

 

MARIAJESUSGONZALEZ.COM

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